México genera cerca de 140 mil toneladas de residuos sólidos urbanos al día, pero sólo 5% recibe algún tipo de tratamiento
El país cuenta con 39 plantas de selección y apenas 14 plantas de composta, de acuerdo con el Diagnóstico Básico para la Gestión Integral de los Residuos 2026
Bioelements advierte que sustituir materiales sin considerar qué ocurrirá con ellos al final de su vida útil puede trasladar el problema, en lugar de resolverlo
Ciudad de México, octubre 2026.- Elegir materiales reciclables, compostables o biodegradables puede reducir el impacto ambiental de los productos que consumimos diariamente, pero ¿qué sucede con esos materiales cuando llegan a una ciudad que no cuenta con infraestructura para separarlos, recuperarlos o procesarlos?
En el marco del Día Mundial de las Ciudades, que se conmemora cada 31 de octubre, el manejo de residuos aparece como uno de los desafíos estructurales que acompañan el crecimiento y la transformación de las zonas urbanas. La fecha, establecida por Naciones Unidas, busca poner sobre la agenda internacional los retos asociados con la urbanización y el desarrollo de ciudades más sostenibles.
En México, el tamaño del desafío puede medirse en toneladas. El Diagnóstico Básico para la Gestión Integral de los Residuos 2026 (DBGIR), elaborado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) en coordinación con el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, calcula que en el país se generan alrededor de 139,902 toneladas de residuos sólidos urbanos diariamente. Sin embargo, sólo 5% recibe algún tipo de tratamiento.
La infraestructura disponible muestra otra dimensión del problema. De acuerdo con la presentación oficial del diagnóstico, México cuenta con 39 plantas de selección, 14 plantas de composta, 11 plantas de compactación y 11 procesos de trituración. Al mismo tiempo, se recolectan aproximadamente 108 mil toneladas de residuos al día, equivalentes a 77% de los residuos generados.
Para Ignacio Parada, fundador y CEO de Bioelements, el reto obliga a cambiar la conversación sobre los materiales y analizar el sistema completo que existe detrás de ellos.
“Durante mucho tiempo la discusión se ha centrado en qué material debemos dejar de utilizar y cuál debe sustituirlo. Esa conversación es necesaria, pero incompleta. También tenemos que preguntarnos dónde terminará ese material, si existe infraestructura para recuperarlo y qué condiciones necesita para cumplir realmente con el propósito ambiental para el que fue diseñado”, señala Parada.
El residuo comienza a definirse desde el diseño
La magnitud del problema abre también una oportunidad. Datos presentados por Semarnat en 2026 indican que alrededor de 40% de los residuos sólidos urbanos generados en México son orgánicos y más de 36% corresponde a materiales potencialmente aprovechables. Es decir, una proporción considerable de lo que actualmente llega al sistema de residuos tiene potencial para ser recuperada, valorizada o reintegrada a otros ciclos productivos si existe separación, infraestructura y mercados capaces de aprovecharla.
El problema es que conceptos como reciclable, biodegradable, compostable y biobasado suelen utilizarse como si fueran equivalentes, aunque describen propiedades y destinos distintos.
Un material reciclable necesita entrar efectivamente a una cadena de recolección, separación y reciclaje. Uno compostable requiere condiciones determinadas para transformarse adecuadamente. Y que un producto pueda biodegradarse no significa que cualquier entorno o sitio de disposición ofrezca necesariamente las condiciones adecuadas para hacerlo.
“Un material no puede evaluarse únicamente por lo que dice la etiqueta. Hay que observar su aplicación, cuánto tiempo necesita funcionar, qué condiciones encontrará después de su uso y cuál es la infraestructura disponible en el lugar donde terminará. Diseñar el final de vida debería ser parte de diseñar el producto desde el principio”, explica Parada.
La propia Semarnat reconoció recientemente la complejidad del problema. En agosto de 2026 publicó el Catálogo de Identificación de Residuos Plásticos, al advertir que la diversidad de plásticos y de sus clasificaciones puede dificultar su identificación y, como consecuencia, reducir sus posibilidades de reciclaje. La dependencia señaló también la necesidad de incrementar las tasas de recuperación y reciclaje y disminuir la cantidad de materiales que terminan en rellenos sanitarios.
De prohibir materiales a construir sistemas
Durante los últimos años, gobiernos locales, empresas y consumidores han aumentado la búsqueda de alternativas a los plásticos convencionales y a los productos de un solo uso. Sin embargo, la transformación de los materiales no necesariamente ha ido acompañada al mismo ritmo por nueva infraestructura de gestión.
Para Parada, esa diferencia obliga a evitar soluciones universales. “No existe un solo material que resuelva todas las aplicaciones ni un único final de vida adecuado para todos los productos. Una bolsa, un empaque de alimentos o un envase tienen requerimientos distintos. El desafío es seleccionar la solución correcta para cada uso y, al mismo tiempo, desarrollar sistemas urbanos capaces de gestionarla cuando deja de ser útil”, afirma.
La discusión también comienza a trasladarse hacia el concepto de economía circular, donde los residuos dejan de observarse exclusivamente como basura y comienzan a considerarse materiales que pueden permanecer dentro de circuitos productivos. El propio DBGIR 2026 plantea la reintegración de materiales con valor económico o estratégico como parte del modelo nacional de gestión integral de residuos.
En ese escenario, mejorar la sostenibilidad de las ciudades mexicanas requerirá actuar en varios frentes simultáneamente: reducir residuos desde el diseño, mejorar su separación, incrementar la infraestructura para recuperarlos y tratarlos, facilitar su identificación y desarrollar materiales cuyo final de vida responda a las condiciones reales de cada mercado.
“El siguiente paso no es simplemente sustituir un material por otro. Es conectar diseño, consumo, regulación e infraestructura. Cuando esas cuatro piezas funcionan juntas, podemos comenzar a hablar de una verdadera circularidad”, concluye Parada.

