2026: Más introspección tecnológica y menos creación compulsiva
Por: Franciso Lárez, vicepresidente de Progress Software para América Latina y el Caribe.
Desde que conocimos a ChatGPT, la inteligencia artificial avanzó a un ritmo altísimo, impulsada por el entusiasmo del descubrimiento y la urgencia por no quedarse atrás. Sin embargo, ahora entramos en una nueva fase del desarrollo tecnológico, una donde la velocidad deja de ser la única medida del progreso. La innovación ya no puede sostenerse en la improvisación o el entusiasmo del momento sino que necesita madurez, seguridad y visión de largo plazo. Las tendencias que marcarán el rumbo hacia 2026 demuestran que ya no se trata solo de un proceso de expansión sino también de consolidación.
En primer lugar, el esfuerzo debe concentrarse en reconstruir antes que en crear. Es decir, reestructurar los proyectos piloto y trabajar en la infraestructura que permita escalar con seguridad. Este período puede considerarse una introspección tecnológica. Las organizaciones tendrán que revisar su base y definir nuevos estándares que equilibren flexibilidad, escalabilidad y seguridad. Así, los modelos más chicos y especializados se podrán enfrentar cómodamente a los grandes sistemas generales.
En este escenario, cuando se trata de la adopción de la IA, va a haber una gran diferencia entre quienes puedan dominar y quienes recién comienzan a implementarla. Las empresas deben comenzar a tener una mentalidad de continuo aprendizaje para incentivar la curiosidad y reducir las tensiones entre los equipos más avanzados y el resto de la organización.
A la par de este crecimiento, el próximo año la saturación de contenido generado por modelos de IA en distintos formatos hará que se piense en la regulación y transparencia. Allí hay una oportunidad para las empresas que piensen en la IA de manera responsable, con criterios claros de seguridad y equidad. Lo que la inteligencia artificial viene a traer es su fiabilidad y eso se logra de la mano de prácticas éticas y transparentes por parte de las marcas.
Además de la cuestión ética, se dará paso a una mentalidad más analítica y volverán las métricas rigurosas, la validación de casos de uso y las evaluaciones de retorno de inversión. Las organizaciones comenzarán a distinguir entre las herramientas realmente capaces de resolver problemas de negocio y los simples “envoltorios de chat” sin sustancia. Será el año en que se depure el mercado, y en que las soluciones que demuestren impacto tangible consolidarán su posición. Se dará fin a un FOMO (Fear of Missing Out, el miedo a quedarse afuera) de la tecnología y se pasará un enfoque más maduro y más centrado en resultados y beneficios.
Respecto al lugar que ocupa la tecnología en el lugar de trabajo, se puede afirmar que va a dejar de ser un simple asistente se transformará en un colaborador competente. Debido a los avances de los modelos de lenguaje y la incorporación de controles más robustos, la IA pasará de un puesto junior a uno “medior”. De esta manera, la tecnología no reemplaza a un experto sino que se vuelve su compañero técnico.
Asimismo, la articulación entre la tecnología financiera y la inteligencia artificial abrirá una nueva etapa para la inclusión económica en América Latina. Las finanzas embebidas, los sistemas avanzados de análisis de riesgo y los modelos de scoring crediticio basados en IA facilitarán el acceso al financiamiento para empresas que están fuera del sistema bancario tradicional.
Los modelos de evaluación crediticia potenciados por IA están transformando los criterios tradicionales y ampliando el acceso a los microcréditos, al tiempo que las soluciones fintech extienden su presencia más allá de las grandes ciudades. De acuerdo con proyecciones del sector, el ecosistema fintech en la región alcanzará un mercado total direccionable superior a los 300.000 millones de dólares en los próximos años.
Hacia 2026, la inteligencia artificial entrará en una etapa de madurez, en la que la integración real y la generación de confianza serán más relevantes que la innovación por sí misma. En ese contexto, el diferencial estará en la capacidad de implementar la tecnología de manera sostenible, responsable y centrada en las personas.

