IA y creatividad humana, un vínculo próspero en las industrias creativas
El director de cine publicitario, Francesco Viglione, desafía el mito de la IA en las industrias creativas optimizando presupuestos, potenciando el instinto del realizador jerarquizando el factor humano. Propone desmitificar el miedo al algoritmo y entenderlo como una herramienta indispensable en el flujo de trabajo moderno.
En medio de un debate global que oscila entre la fascinación tecnológica y el temor al reemplazo del talento, las industrias creativas buscan un punto de equilibrio. Para Francesco Viglione, realizador de campañas globales para firmas como Netflix, MAC, Cupra y Ford, la respuesta es contundente: la Inteligencia Artificial (IA) no es una amenaza para el arte, sino una aliada estratégica para potenciarlo.
El realizador destaca que la mayor utilidad de la IA se da diariamente durante la etapa de preproducción, un espacio donde antes los tiempos y los presupuestos solían tensar la soga de la creatividad. La IA resulta una aliada silenciosa que optimiza el tiempo previo a encender la cámara: “Antes, armar un storyboard bien detallado te llevaba días y dependías de un ilustrador; si el cliente pedía un cambio el día anterior al rodaje, el panorama se complicaba”, explica Viglione.
Hoy, las herramientas de generación de imágenes permiten crear referencias visuales de alta calidad en cuestión de horas, experimentar con encuadres y definir paletas de colores antes de invertir recursos en locaciones o contratación de talentos. Incluso en la moda, esta tecnología permite visualizar prendas sobre modelos digitales antes de fabricar muestras físicas, lo que evita iteraciones de producción extremadamente costosas.
A pesar de la velocidad de estas herramientas, Viglione es tajante respecto a sus límites: la sensibilidad humana sigue siendo el núcleo insustituible de cualquier obra. Para el director, la IA funciona principalmente como una “caja de resonancia creativa” a la cual arrojarle ideas para evaluar sus respuestas y así terminar de definir un criterio propio, pero nunca a la inversa.
“La inteligencia artificial puede potenciar la mirada de un director que ya tiene algo para decir, pero no le va a inventar el ojo a nadie“, afirma el realizador. “Si no tenés instinto, la herramienta no te lo da”. La sensibilidad humana para captar la emoción, la belleza o el giro inesperado de una escena continúa siendo el verdadero motor de la pieza artística.
El tercer gran aporte de la IA se encuentra en la postproducción, actuando como una red de seguridad ante las contingencias habituales del set. Viglione recuerda una época de rodajes rígidos donde la falta de tiempo, el alquiler ajustado de un estudio o la partida imprevista de un modelo hacían que un plano faltante arruinara la continuidad narrativa de un comercial. La tecnología permite salvar estos imprevistos, resguardando el curso de la historia, los encuadres y detalles que limitan su evolución.
Hoy, la tecnología permite completar planos ausentes, resolver imprevistos técnicos o agregar tomas de detalle en postproducción sin necesidad de convocar a todo el equipo de filmación nuevamente. No se trata de reemplazar el material filmado de verdad, sino de usar la tecnología para que un problema logístico o presupuestario no destruya una idea narrativa valiosa.
Con estadísticas que ya proyectan que para fines de este año cerca del 40% de los comerciales digitales incorporarán Inteligencia Artificial generativa en alguna fase de su proceso de trabajo. En este contexto, Viglione alienta la apertura y el aprendizaje continuo: “La IA llegó para quedarse. Es una herramienta enorme, y el que no la esté mirando hoy se está perdiendo una parte importante de hacia dónde va la producción audiovisual”.

