Ambiente México 

Verano 2026 abre el reto de reducir residuos de empaque en retail, e-commerce y consumo masivo

Con 22.4 millones de turistas previstos en hoteles durante las vacaciones y un comercio electrónico valuado en 941 mil millones de pesos, Bioelements señala que el packaging sostenible puede convertirse en una ventaja competitiva para las empresas que necesitan reducir riesgos ambientales, regulatorios y reputacionales sin comprometer su operación.

Ciudad de México, agosto de 2026. Durante las vacaciones de verano, millones de personas se desplazan, compran alimentos, solicitan entregas, adquieren productos de cuidado personal y realizan compras de último momento. Para las empresas de retail, e-commerce y consumo masivo, este incremento en la movilidad representa también una mayor demanda de bolsas, películas flexibles, envolturas, empaques para alimentos y materiales para distribución.

La Secretaría de Turismo estima que, entre el 20 de julio y el 30 de agosto de 2026, 22.4 millones de turistas transitarán por hoteles en México, 5.6% más que en el mismo periodo de 2025. La ocupación hotelera promedio nacional alcanzaría 65%, con destinos como Cancún, Puerto Vallarta, Morelia, Mérida y la Ciudad de México entre los principales centros receptores.

Esta actividad coincide con la expansión de los canales digitales. Durante 2025, el comercio electrónico retail en México alcanzó un valor de 941 mil millones de pesos, con un crecimiento anual de 19.2%. El país cuenta ya con 77.2 millones de compradores digitales y las ventas online representan 17.7% del comercio minorista nacional. Cada uno de esos pedidos necesita un empaque capaz de proteger el producto, facilitar su distribución y ofrecer una experiencia adecuada al consumidor.

“En vacaciones, el empaque deja de ser invisible. Está en la maleta, en el delivery, en la compra de último minuto y en cada pedido que llega a un hotel o a una casa. Cuando millones de personas se mueven al mismo tiempo, la decisión sobre el material también escala. Por eso, reducir el impacto no puede depender de soluciones artesanales o difíciles de implementar”, señaló Ignacio Parada, CEO y fundador de Bioelements.

El impacto del packaging no termina con la entrega

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente calcula que aproximadamente 36% de todos los plásticos producidos en el mundo se utilizan en envases y embalajes. En el caso de los empaques plásticos de un solo uso para alimentos y bebidas, cerca de 85% termina en vertederos o es gestionado de manera inadecuada. Además, el organismo estima que el mundo genera alrededor de 400 millones de toneladas de residuos plásticos al año y que solamente una fracción cercana a 9% es reciclada.

La contaminación generada por los empaques representa, por tanto, algo más que un problema ambiental. Para las empresas puede convertirse en un riesgo reputacional, comercial y regulatorio, especialmente cuando existe una diferencia entre las promesas de sostenibilidad de una marca y los materiales que utiliza para entregar sus productos.

En América Latina, uno de cada tres consumidores declara sentirse molesto por la cantidad de plástico que lleva a casa después de realizar sus compras. Los consumidores considerados “Eco-Actives”, quienes toman medidas frecuentes para reducir su impacto ambiental y favorecen marcas con envases reciclables, representan ya 28% de los hogares de la región y un mercado estimado en 17 mil millones de dólares. Asimismo, 36% de los consumidores considera que las marcas tienen actualmente una mayor responsabilidad en el daño ambiental.

Sin embargo, la transición no puede ignorar factores como precio, resistencia, inocuidad, vida útil y eficiencia logística. Una investigación de McKinsey realizada durante 2025 en 11 países, entre ellos México y Brasil, encontró que 51% de los consumidores considera el impacto ambiental del packaging como un factor muy o extremadamente importante. Al mismo tiempo, precio, calidad, seguridad del producto y vida útil continúan ocupando los primeros lugares en sus decisiones.

“La sostenibilidad que no resiste la operación no escala. Un empaque tiene que proteger el producto, soportar el transporte, funcionar correctamente en los procesos del cliente y mantener costos competitivos. El desafío es cumplir esas condiciones y, al mismo tiempo, ofrecer una ruta ambiental verificable”, explicó Parada.

Del compromiso ambiental a la capacidad industrial

Bioelements sostiene que el packaging sostenible tiene que abordarse como una decisión industrial y no únicamente como una acción de comunicación. La elección del material debe considerar el tipo de producto, las condiciones de transporte, la vida útil, el mercado donde será comercializado y la infraestructura disponible para su tratamiento al final del uso.

La compañía desarrolla soluciones biodegradables, compostables, biobasadas y elaboradas con material reciclado postconsumo. Su plataforma cuenta con más de formulaciones y una capacidad de producción superior a 17 mil toneladas anuales. Actualmente trabaja con más de 250 clientes y tiene operaciones en 10 países, incluidos México, Chile, Brasil, Colombia, Perú y Estados Unidos.

Este modelo busca permitir que las empresas avancen hacia empaques con mejores atributos ambientales sin sacrificar resistencia, personalización, continuidad de suministro o escalabilidad. También responde a un entorno regulatorio fragmentado, en el que cada país establece requisitos diferentes sobre plásticos de un solo uso, compostabilidad, contenido reciclado, etiquetado y responsabilidad del productor.

Durante 2025, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente apoyó el desarrollo de esquemas de responsabilidad extendida del productor en siete países y puso en marcha un programa para ayudar a 15 naciones a transitar hacia alternativas a los empaques plásticos de un solo uso en alimentos y bebidas. Para Bioelements, estas iniciativas muestran que las empresas tendrán que demostrar cada vez con mayor precisión el origen, composición, desempeño y destino final de sus materiales.

“El riesgo regulatorio no comienza cuando aparece una sanción. Comienza cuando una empresa no sabe de qué está hecho su empaque, qué certificaciones respaldan sus afirmaciones ambientales o qué ocurrirá con el material después de utilizarlo. Anticiparse permite proteger la reputación, responder a los clientes y evitar rediseños de emergencia que pueden ser mucho más costosos”, afirmó el CEO de Bioelements.

Para las empresas de retail, e-commerce y consumo masivo, la temporada vacacional puede servir como una prueba de su capacidad para manejar mayores volúmenes sin multiplicar innecesariamente los residuos. Identificar los empaques de mayor rotación, evaluar materiales según su uso real y exigir evidencia técnica a los proveedores son pasos necesarios para convertir la sostenibilidad en una ventaja operativa y comercial.

En un mercado donde millones de productos son transportados y entregados diariamente, el empaque ya no es solamente el último eslabón de la producción. Es una expresión visible de cómo una empresa administra sus costos, protege sus productos y responde por el impacto que deja después de cada venta.

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